lunes, 9 de diciembre de 2019

Madrid

Este fin de semana aprovechando el puente hemos ido Peio y yo a Madrid. Tuvimos suerte, ya que además de ser fiesta nacional el viernes, el jueves lo era también en nuestra facultad. Así que, el miércoles a las cuatro de la tarde cogimos un bus hacia allí. (Nosotros nos quedamos en la casa de la abuela de Peio, por eso no recomiendo ningún hotel.)
Sobre las 9:30 llegamos por fin a casa y después de una calurosa acogida, cenamos algo y como estábamos muy cansados nos fuimos a dormir. 

Al día siguiente la luz que entraba por la medio abierta persiana me despertó, intenté dormirme de nuevo y a sabiendas de que no lo iba a conseguir, hice una de las cosas que mejor se me da, despertar a Peio. Después de que refunfuñara un rato, logré que se levantara y fuimos a desayunar. Esa misma mañana estuvimos de compras por la calle Fuencarral y haciendo alguna foto para nuestros respectivos trabajos de clase. Por la tarde, estuvimos tomando algo por la calle Pez y el bolsillo nos dolió un poco cuando por dos cañas nos cobraron 7 euros. 

El viernes de fiesta, tuvimos día familiar y fuimos a Aranjuez. Visitamos su Palacio Real que empezó a ser construido bajo el reinado de Fernando VI y ahora es ya Patrimonio Nacional. Cuenta con numerosas salas, las que en su época estaban diferenciadas para uso exclusivo del rey o de la reina. Aunque las tres más famosas puede que sean el Comedor, el Gabinete árabe y el de porcelana. Después dimos un paseo por el inmenso jardín, situado a orillas del río Tajo y vimos algún que otro pavo real. Al llegar de nuevo a Madrid, fuimos a ver las luces navideñas por la noche.























El sábado por la mañana estuvimos dando un paseo por el Retiro y al ser tan grande nos perdimos un poco. Pero, la verdad, es que me alegro porque así encontramos el restaurante donde los/las concursantes de MasterChef 4 hicieron una de sus pruebas exteriores y una de las más divertidas además. Así que si sois frikifans de este programa como yo entenderéis mi ilusión.





Por la noche cenamos en un restaurante del grupo Andilana, Bazaar, situado en la calle Libertad 21, en el barrio de Chueca. Si queréis ir os recomiendo que acudais pronto, sobre las 9, porque después se forma una larga cola para entrar a cenar. El restaurante está decorado como una tienda de ultramarinos y tiene una muy buena relación calidad/precio. Nosotros tomamos tar-tar de atún para compartir y luego Peio una hamburguesa de ternera y yo un carpaccio de ternera.








Una pega de este grupo de restaurantes es que como acude mucha gente, ponen las mesas muy juntas para atender al máximo número de clientes posible. Entonces, id con cuidado si no queréis llegar y hacer como yo, que por intentar no molestar a las personas de al lado tiré sin querer del mantel y rompí una copa.

El domingo fue día de hacer la maleta y de despedirnos de la familia. ¡Hasta pronto!

(Gracias Peio)

Os dejo unas fotos por aquí:

















domingo, 1 de diciembre de 2019

SANTANDER

Ayer nada más despertarme me hicieron una pregunta: «Vamos a pasar el día a Santander, ¿te vienes», yo al principio dije que no, pero al final fui. Durante el trayecto en coche no paraba de llover e , incluso,  en algunos tramos por culpa de la niebla no veíamos nada, «vaya día tan bueno han elegido», pensaba yo todo el rato. Siendo sincera, el día no pintaba nada bien. Finalmente, tras unos cuantos chaparrones llegamos y el día mejoró bastante. 

La verdad es que Santander está bien para pasar el día. Por eso hoy os voy a hacer unas cuantas recomendaciones de esta pequeña ciudad. 

Es obligatorio dar una vuelta por el paseo Pereda y disfrutar de las vistas hacia el mar y de los pueblos más cercanos, como Somo. Si queréis que estas vistas mejoren, subid al centro Botín que se encuentra en esta misma calle. Es como si estuvierais subidos en uno de los muchos ferrys que atracan justo al lado. A nosotros, la lluvia nos dio una tregua y nos permitió estar un largo rato aquí. 
Una cosa muy curiosa es que en el ascensor al subir suena una canción en la que dice «sí, sí, sí» y al bajar «no,no,no». La gracia es ver cómo se asusta la gente la primera vez que se suben en él.








Un sitio muy bueno para comer a la vez que asequible es el bar- restaurante Salitre , situado en la calle Hernan Cortés, cerca del paseo y del centro. Nosotros comimos unas croquetas de boletus y foie, empanadillas de ventresca de atún y el plato estrella steak tartar. El postre tampoco se quedó atrás, coulant de chocolate con helado de mango recubierto con chocolate blanco y arroz con leche. Todo buenísimo.






Después de salir de comer, en esta misma calle encontraréis pequeñas pero curiosas tiendas de decoración, como por ejemplo: Domestica, donde hallaréis detalles originales para decorar vuestra casa. O alguna tienda de segunda mano, en la que hay bastantes cosas "vintage". Si queréis comprar alguna prenda hay varias tiendas interesantes como Le Vélo o La Folie 

Por último, yo iría a la Magdalena donde la vistas sí que son increíbles, podréis ver el palacio y las focas y pingüinos que viven allí (cosa que no me parece nada bien). Para que el camino hacia allí se os haga más ameno, compraos un helado en Regma ¡y veréis que cortito se os hace el camino!


 










Os dejo unas fotos que hice ayer: