domingo, 20 de octubre de 2019

UNA SEMANA EN ALMERÍA

UNA SEMANA EN ALMERÍA:

Por segunda semana, aquí os vengo a contar otro viaje y alguna que otra cosa que me pasó, para variar.

Del 9 de julio al 16 fuimos Peio y yo a Almería, exactamente a Cabo de Gata.


Salimos de Bilbao a la una de la noche y llegamos allí a las dos de la tarde. Primero cogimos un bus a Madrid y después un tren hasta allí.
La verdad es que el viaje no empezó nada bien, yo tenía pensado dormir durante todo el trayecto en autobús, pero no fue así. Entre ronquidos, ladridos de un pobre perro que estaba donde las maletas, una señora que no callaba y alguna que otra cabezada llegamos a Madrid. Al llegar a la estación de tren desayunamos unos churros (malísimos) y luego ya emprendimos la segunda parte del viaje, donde fue mucho más fácil dormir aunque las niñas de atrás no me lo pusieran fácil. Y sí, hablo en singular porque Peio no dejó de dormir ni un segundo.

Nosotros estábamos alojados en Cala Higuera (no estuvimos en ningún hotel o apartamento porque la casa es de la familia de Peio), al lado del pueblo de San José. Un sitio totalmente tranquilo donde poder disfrutar del mar y, de vez en cuando, de alguna medusa.
Si os gusta bucear, este es vuestro sitio ya que el fondo marino es brutal, no todos los días se ve lo mismo y es una verdadera gozada.
Las vistas desde la casa son increíbles. 















Los primeros días nos los tomamos con calma, yendo a las calas que están al lado de la casa. Unas pequeñas playas que, al estar escondidas, están casi vacías y donde se puede disfrutar de la tranquilidad. También bajamos al pueblo a tomar algo y a pasear por la alameda, donde todas las noches de verano hay un mercadillo.   









Uno de los días decidimos ir de excursión: Almería, 30 grados, 2 horas de excursión, las vistas una pasada, el resultado no tanto. El sitio era una maravilla, Los Escullos se llama. 

Llegamos sobre las 12 y media y teníamos reserva para comer una paella a la 13:30. Como nos sobraba tiempo, nos metimos al agua un rato en la pequeña playa. Después de comer, yo pensaba volver, pero no. Peio decidió que era mejor ir a casa para que no se nos hiciera tarde. En cuanto empezamos a andar, yo creía que moriría, con el calor que hacía y todo lo que teníamos que andar.
Como yo no paraba de quejarme, hicimos autostop y nos recogió una pareja. Dani y Laura, siempre nos acordaremos de vosotros, nos salvasteis. Al llegar a casa, nos echamos la siesta de nuestras vidas.

Por la noche, bajamos al pueblo de nuevo, pero esta vez para ir a mirar las estrellas con telescopio a la playa de los Genoveses. Es una excursión chulísima y que merece totalmente la pena, os la recomiendo!!

 

El último día volvimos a playa de los Genoveses por la tarde y fue, sin duda, uno de los mejores. Entre guerras de agua y alguna que otra peleilla con arena incluida, estuvimos bañándonos hasta las 9 de la noche. Esto en el norte, para mí, es totalmente inimaginable.


Y hasta aquí todo por hoy… ¡Nos vemos la semana que viene en alguna parte del mundo!







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