UNA SEMANA EN ALMERÍA:
Por
segunda semana, aquí os vengo a contar otro viaje y alguna que otra cosa que me
pasó, para variar.
Del
9 de julio al 16 fuimos Peio y yo a Almería, exactamente a Cabo de Gata.
Salimos de Bilbao a la una de la noche y
llegamos allí a las dos de la tarde. Primero cogimos un bus a Madrid y después
un tren hasta allí.
La
verdad es que el viaje no empezó nada bien, yo tenía pensado dormir durante
todo el trayecto en autobús, pero no fue así. Entre ronquidos, ladridos de un
pobre perro que estaba donde las maletas, una señora que no callaba y alguna
que otra cabezada llegamos a Madrid. Al llegar a la estación de tren desayunamos unos churros (malísimos) y luego ya emprendimos la segunda parte del viaje,
donde fue mucho más fácil dormir aunque las niñas de atrás no me lo pusieran
fácil. Y sí, hablo en singular porque Peio no dejó de dormir ni un segundo.
Nosotros
estábamos alojados en Cala Higuera (no estuvimos en ningún hotel o apartamento
porque la casa es de la familia de Peio), al lado del pueblo de San José. Un sitio
totalmente tranquilo donde poder disfrutar del mar y, de vez en cuando, de
alguna medusa.
Si os
gusta bucear, este es vuestro sitio ya que el fondo marino es brutal, no todos
los días se ve lo mismo y es una verdadera gozada.
Las vistas desde la casa son increíbles.
Los
primeros días nos los tomamos con calma, yendo a las calas que están al lado
de la casa. Unas pequeñas playas que, al estar escondidas, están casi vacías y
donde se puede disfrutar de la tranquilidad. También bajamos al pueblo a tomar
algo y a pasear por la alameda, donde todas las noches de verano hay un
mercadillo.
Uno
de los días decidimos ir de excursión: Almería, 30 grados, 2 horas de
excursión, las vistas una pasada, el resultado no tanto. El sitio era una
maravilla, Los Escullos se llama.
Llegamos sobre las 12 y media y teníamos reserva
para comer una paella a la 13:30. Como nos sobraba tiempo, nos metimos al agua
un rato en la pequeña playa. Después de comer, yo pensaba volver, pero no. Peio
decidió que era mejor ir a casa para que no se nos hiciera tarde. En cuanto
empezamos a andar, yo creía que moriría, con el calor que hacía y todo lo que
teníamos que andar.
Como
yo no paraba de quejarme, hicimos autostop y nos recogió una pareja. Dani y
Laura, siempre nos acordaremos de vosotros, nos salvasteis. Al llegar a casa,
nos echamos la siesta de nuestras vidas.
Por
la noche, bajamos al pueblo de nuevo, pero esta vez para ir a mirar las
estrellas con telescopio a la playa de los Genoveses. Es una excursión
chulísima y que merece totalmente la pena, os la recomiendo!!
El
último día volvimos a playa de los Genoveses por la tarde y fue, sin duda, uno
de los mejores. Entre guerras de agua y alguna que otra peleilla con arena incluida,
estuvimos bañándonos hasta las 9 de la noche. Esto en el norte, para mí, es
totalmente inimaginable.
Y hasta
aquí todo por hoy… ¡Nos vemos la semana que viene en alguna parte del mundo!








No hay comentarios:
Publicar un comentario